Borges: hombre y literatura

 

Por: Ricardo Gil Otaiza.

Uno de los personajes de la literatura de todos los tiempos que mayor fascinación ejerce sobre mí es Jorge Luis Borges. Y no se trata precisamente de caer en los absolutos, como nunca lo he hecho con otros autores que también admiro, al autocalificarme de borgiano, sino de reconocer en este escritor latinoamericano una maestría y una universalidad en su obra como pocas en el ámbito de las letras de lengua española. Y como valor agregado a todo lo libresco que pueda connotar el apellido Borges, se une el hecho de una personalidad singular, exquisita, que en cada recodo de su atormentada existencia dejó caer una frase admirable, una ironía, un recuerdo, o un dato erudito, que de alguna manera marcan un antes y un después en el complejo (y a veces mezquino) mundo de la literatura hispanohablante. 

Acercarme a Borges ha sido en mi caso particular una verdadera escuela. Como autor he ido ensayando a lo largo del tiempo propuestas, corrientes y estilos, pero el toparme con Borges significó un punto de inflexión interesante en mi vida, que ha implicado en mi obra un aporte significativo al momento de deslastrarme de todo aquello que hace de la palabra impresa mera anécdota, sin un río de fondo que le confiera solidez y perdurabilidad en el inconciente colectivo. 

Me llama poderosamente la atención el halo metafísico de la propuesta borgiana, porque necesariamente conlleva implicación con lo inmanente del ser humano, así como también un punto de contacto con lo inverosímil para hacerse un todo; forma y fondo a la vez. En Borges hallamos ficción —al parecer, mera ficción—, pero al ser auscultado en su hondura deja aflorar (con extraña persistencia) laberintos, sueños, revelaciones y reiteraciones, que forman parte también de la experiencia de lo humano. 

Ficción por ficción es caer en la truculencia, en el vacío, en el mero espejismo que se hace forma y al mismo tiempo se desintegra en la nada. En el caso de Borges la ficción se entrecruza con la realidad al tocar con pasmosa sabiduría la médula de lo ineludiblemente fantasmal —que se hace invención y literatura en sus manos—, pero que sabemos subyace en cada uno de nosotros sin que conscientemente lo advirtamos. Logra el autor develar los intrincados mecanismos de la mente por la vía del absurdo, de lo paradójico y lo demencial, como estrategias y acicates para dejar al descubierto las costuras de una narrativa que —paradoja de paradojas— se hace autárquica y de una sola pieza en la medida en que más conocemos sus delgados hilos metafísicos y técnicos. 

En Borges el hombre y el literato se conjugan de manera perfecta para hacer de esa totalidad —por fortuna legada al papel y a la memoria de la humanidad—, una sola cosa. Borges es su literatura y al mismo tiempo su obra es fiel reflejo de su muy compleja y díscola personalidad. Cada poema, cada cuento, cada texto ensayístico borgiano (incluso los de su lejana juventud) reflejan en su dimensión estética y filosófica una búsqueda incansable de la perfección y del infinito, y ello se hace eterno al reconocernos todos en ese espejo de la perennidad y de la trascendencia de lo terreno. 

La obra de Jorge Luis Borges constituye —tal vez— una de las propuestas literarias más originales y extraordinarias en todo el ámbito de las letras universales de las últimas décadas. Esto implica para los lectores un inmenso reto —sin duda—, y para los escritores que estamos detrás una cantera inigualable de posibilidades estéticas.

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En busca de Bolívar

 

Por: Ricardo Gil Otaiza

Escribo con la piel todavía erizada por la emoción, conmovido aún por el reencuentro con el Libertador luego de haber finalizado la lectura del libro “En busca de Bolívar” (Grupo Editorial Norma, 2010), del escritor William Ospina, ganador del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos con su obra:

 “El país de la canela”. 

He disfrutado tanto de la lectura de este libro como en sus días me extasié con “El general en su laberinto”, de Gabriel García Márquez, que narra los últimos días de Bolívar camino de San Pedro Alejandrino, y al cual he regresado una y otra vez en estos últimos veintidós años, repitiendo siempre el goce de la lectura. En esta oportunidad le correspondió a otro colombiano, William Ospina, deslumbrante y talentoso narrador y ensayista, reconciliarnos con la figura de Simón Bolívar, y devolvernos al camino de la comprensión de su gigantesca obra como soldado, estadista, legislador, pensador y ciudadano. En lo particular, el libro de Ospina me reconcilia con una figura a la que se ha tergiversado en aras de un proyecto político hegemónico, desluciendo de manera aparatosa e injusta el inmenso legado de este ilustre caraqueño y latinoamericano, quien entregó su tranquilidad personal y sus bienes de fortuna a la causa de la independencia americana y por la unidad de varias naciones hermanas, que hoy está muy lejos de ser recuperada. Echando mano del ensayo libre (deslastrado de citas y de autores) nos acerca el autor los episodios más emblemáticos en la vida de Bolívar, sin caer en lugares comunes y haciendo aportes que de alguna manera nos muestran a un héroe desde el ángulo de la admiración y del respeto, aunque exento de las normales ansias apologéticas de parte de quien descubre deslumbrado un nuevo rostro a un personaje, y desea mostrárselo al mundo.

El Bolívar de Ospina no es el héroe acartonado e invencible de tantos otros autores, que de alguna manera pueblan nuestros manuales, sino la historia del hombre de talento en busca de un destino continental y planetario. Más que un hallazgo como ensayista y estudioso del tema, el autor nos presenta un texto en el que vamos descubriendo a la figura universal de un ser que no dio tregua a su cuerpo ni descanso a su espíritu en pos de un ideal libertario, que lo llevó a la más alta realización como militar y como estadista, pero sin escapar a un humano destino: inmensas tragedias personales, errores garrafales; decisiones que vistas bajo la lupa de nuestros tiempos, resultan abominables e inhumanas.

Contrario a lo que algunos podrían suponer, no es el deseo de William Ospina el desacralizar al personaje; todo lo contrario, utiliza poderosas herramientas estilísticas (capítulos breves y contundentes, un lenguaje rayano en lo poético y la extrema sencillez de la exposición), así como información apegada a los hechos históricos, para entregarnos al Bolívar épico, al gestor de la epopeya, al padre de varias naciones, al artífice de la Gran Colombia, en su más sólida imagen del más relevante personaje americano y una de las figuras universales de mayor peso de todos los tiempos. Por tratarse de un ensayo histórico, coteja el autor al Bolívar que nos desvela en sus páginas, con el personaje biografiado por Lynch o por Masur, o con el prosaicamente desfigurado por Marx, para mostrárnoslo íntegro, más fuerte y actual que nunca, paseándose por las calles de nuestras urbes buscando una razón para comenzar de nuevo con la tarea pendiente desde hace casi doscientos años. “En busca de Bolívar” es —¿qué dudas caben?— el más original y hermoso homenaje que intelectual alguno haya hecho a Bolívar en los últimos años. Como bien lo expresa el editor es “una magnífica pieza literaria” (amén de un volumen impecablemente editado), que nos devuelve al Bolívar héroe y al Bolívar ciudadano en un momento crucial para su Venezuela natal y para la América Latina, que aún no despiertan de sus letargos y se empeñan en seguir transitando por los mismos errores.


Imagen de William Ospina: tomada de la Web

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